Thursday, December 23, 2004

El Color Verdadero de las Nubes

Caminé por el parque y encontré una moneda de diez pesos.

Me di cuenta entonces que para mi era más fácil mirar al suelo en busca de monedas, que mirar al cielo. Esto quizás, porque del cielo casi nunca caen monedas.

Pero mi intuición me dijo que mirara hacia las nubes. Eran blancas, otras grises. Había muchas nubes en el cielo ese día y decidí verlas todas.

Una señora con un perro corriente me saludó de forma amable y yo la ignoré. No me gustan esa clase de perros.

Cuando salí del parque las nubes eran rosas. Jamás pensé que las nubes fueran rosas.

Desde entonces ya no me gusta el parque.

Estaba un poco desordenado.

Llegué a mi apartamento buscando un libro que había comprado poco tiempo atrás. Todo estaba tirado y era imposible atravesar de un lado a otro el departamento sin llevarse entre los pies algún trapo o resto de basura maloliente.

Entré a mi habitación y encontré una bolsa de papas fritas; de alguna noche de insomnio cuando vi alguna película.

Las probé con gran ilusión. Estaban rancias.

Continué mi búsqueda y ahí estaba mi libro perdido. Sobre una pila de ropa sucia. Lo tomé, lo abracé y no recuerdo dónde lo puse después.

¿Dónde quedó Chachita?

Mi loro favorito no estaba cuando llegué a casa. Dejé mi gorra en el sofá y busqué a chachita.

Su jaula estaba abierta.


Juro que Jamás olvido cerrarla.

Ese día prometí no olvidar a Chachita. Aunque quemé sus fotos para que no quedara rastro de ella.

Al Día siguiente compré otro loro. No me gustan las Jaulas vacías.